1.-1.- Representación visual y capacidad simbólica
Durante la infancia se produce un momento especialmente emocionante: la primera palabra. El bebé logra construir representaciones de lo que le rodea y para conseguirlo actúa sobre el entorno. Del balbuceo al verbo, transitamos lentamente de lo individual a lo social y durante toda la vida recorremos este tortuoso camino con ayuda de la capacidad del ser humano para crear símbolos. Nuestra capacidad simbólica no se encuentra exclusivamente en el lenguaje, también el dibujo y el juego nos ayudan a estar en el mundo. Las distintas formas de representación - el dibujo, el juego y el lenguaje - se entrelazan formando una compleja red donde atrapamos temporalmente aquello que entendemos por realidad. Mediante la representación no actuamos directamente sobre los objetos sino sobre el significante, que es aquello que está en el lugar del significado, y de esta forma nos apartamos en el espacio y en el tiempo sustituyendo la realidad inaprehensible e infinita por modelos de ésta.
Las señales, los símbolos y los signos son tipos de significantes cuya relación con el significado se mueve desde el contacto físico e íntimo entre las cosas, la ligadura o naturaleza genésica de las señales, por ejemplo el fuego y el humo, hasta la independencia y arbitrariedad de los signos que no guardan relación con el significado, esto es, las palabras
La representación simbólica se mueve entre las señales y los signos utilizando la semejanza como hilo de Ariadna que nos ayuda a tejer esos modelos de la ‘realidad’ que son nuestras fuentes de conocimiento. En la historia de la ciencia estamos acostumbrados a utilizar exclusivamente modelos de representación lingüísticos y dejamos de lado los modelos representacionales basados en las relaciones de similitud procedentes de las imágenes . Tal vez, esto se debe a la dificultad derivada de la polisemia del término o a la transversalidad semántica de lo que entendemos por semejanza. Al igual que un vulgar madero se convierte en una viga cuando sostiene un aparejo, el concepto de similitud muda con las distintas interacciones entre el sujeto, el objeto y su circunstancia en la relación de semejanza.
Esta relación produce la metamorfosis de lo que denominamos semejante fundiendo sujeto, entorno y objeto en una entidad por sí misma. Debido a esa propiedad metamórfica de la semejanza, el tiempo representa una barrera infranqueable para establecer la relación de similitud como patrón universal del conocimiento y, por lo tanto, las interpretaciones de las imágenes basadas en la similitud son, en último caso, ilusiones anacrónicas.
2.- La representación de la Luna: estudio de dos modelos visuales en el Renacimiento
¿Es posible establecer para una imagen, por ejemplo la de la Luna, una ‘ilusión de similitud’ que dependa del concepto de semejanza propio de cada época o de cada corriente de pensamiento?. La semejanza entre significante y significado puede ser entendida como expresión de la visión interior, como copia de la apariencia de las cosas al modo de las sombras del ideal platónico. También se puede entender como analogía del funcionamiento de la naturaleza (Demócrito) o creación libre fundada en la naturaleza (Aristotéles). Esta relación de similitud entre objeto y sujeto puede ser activa o pasiva. Se puede encontrar similitud con lo espiritual y lo imperecedero o con las leyes de la naturaleza como en el Renacimiento.
Uno de los casos paradigmáticos de la realción entre la imagen y la visión del mundolo encontramos en la nueva cosmovisión que surgió a principios del siglo XVII: la nueva concepción física de la Luna, derivada de las observaciones telescópicas de Galileo, muestra cómo la novedosa técnica de la perspectiva geométrica, en la que conviven el signo y la forma simbólica, sirve para crear un espacio figurativo procedente del espacio empírico visual donde las manchas oscuras y claras de la superficie lunar se traducen en un nuevo lenguaje de sombras y luces derivadas de los accidentes lunares y de las posiciones relativas del Sol, la Tierra y la Luna.
Luna. Sidereus Nuncius. 1610. Galileo
La relación de similitud se establece principalmente entre los modelos visuales de perspectiva geométrica que circulaban en la pintura italiana en el siglo XVI y las observaciones telescópicas fijadas en los dibujos de Galileo.
Thomas Harriot observó la Luna unos meses antes que Galileo. En su dibujo la Luna aparece borrosa y plana. Al contrario que en la Italia del renacimiento, la perspectiva geométrica no formaba parte de la representación pictórica en la Inglaterra del siglo XVI. Debido a esta diferencia del modelo de representación visual , Harriot fue incapaz de ver la nueva imagen tridimensional y accidentada de luna hasta que consiguió las primeras acuarelas de Galileo.
3 La representación pictórica de la Luna en el arte del paleolítico y el concepto de tiempo


